Come back with me

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Fuerzas!

Abrimos el libro...

Hace 8 meses recibí la noticia que iba a ser padre. Recuerdo muy bien ese día pues en medio de la efervescencia del mundial africano, el Doppler mostraba el pequeñito ser en la barriga de Lisette, mientras la radio daba cuenta del empate entre Inglaterra y los yanquis. Con las semanas, regresaríamos al mismo lugar para nuevas ecografías, saliendo contentos y emocionados tras haber oído sus fuertes y rápidos latidos, que parecían retumbar en la habitación.

Fue aquel día que decidimos dar la noticia a nuestras familias. Mi papa me dio un fuerte abrazo, como de la navidad de unos 7 años atrás, y a ella también. Mi madre exigió el título de Lisette a toda costa, y nos abrazó a la vez. Mis hermanas contentas, Alfonso sorprendido, y mi abuela, en medio de su Alzheimer, entendía a medias lo que ocurría.

Pasaban las semanas, y con ellas llegaron sus pataditas, dos días antes de mi cumpleaños. Podía llegar tarde de trabajar pero mi bebé, que para ese entonces ya sabíamos que sería una mujercita, me recibía siempre con golpecitos a mis manos a través del vientre de su mamá. Eso es algo indescriptible, un momento que debería ser insoslayable para todo humano. Me di cuenta de lo que significaba todo, tener un hijo y ser padre. Fui feliz.

En noviembre fuimos a Cerro Azul. Los tres frente al mar, bajo el sol. Sintiendo a mí bebe moviéndose y saltando, en la ya enorme barriguita de su mamá. El mejor capítulo de este libro.

4 días antes de navidad hicimos una ecografía, de rutina. Los resultados no eran alentadores. Consultamos con nuestra doctora, quien nos recomendó un mejor ecógrafo. Sólo ratificaría y aumentaría las malas noticias sobre el estado de nuestra niña: sus riñones no habían desarrollado de la mejor manera, uno no funcionaba y el otro era poliquístico. Esto era confirmado por el bajísimo nivel de líquido en la placenta. No había presencia de vejiga ni de parénquima. En palabras del doctor, nuestra hija no tenia esperanza de vida. Fríamente, teníamos dos opciones: proceder a operar, y en una UCI, esperar que Micaela parta. La otra, esperar a que la bebé falleciera en el vientre de Lisette, y hacer la cesárea. Esta opción era la más difícil, y la más dura.

No teníamos porque hacer sufrir a la bebe, a nosotros mismos ni a nuestras familias y amigos. Tener a nuestra niña en una UCI, quien sabe por cuanto tiempo, seria causar ese dolor que no queríamos. Y decidimos darle amor por el tiempo que ella decida quedarse con nosotros. Optamos lo segundo.

Tras la noticia, vino un periodo de aceptación, que nunca fue superado, ni por ella ni por mi. El dolor era terrible, ella dejo el internado y yo debía trabajar con una coraza invisible pero que no evitaba las repentinas lágrimas. Debía entenderla, debíamos sobrellevarlo de la mejor manera posible y debíamos ser fuertes. Comunicamos la noticia a nuestras familias y amigos cercanos. Fue una época difícil, en la que tuve un gran apoyo por el que estaré siempre muy agradecido a la señora Mercedes, a Carlos, Jason, Lisseth y José.

Yo había orado durante todos los días previos a ese 20 de diciembre. Todos saben que mi relación con Dios nunca fue de las mejores, gracias a la santa mafia. Pero lo busque, y le pedía cada noche por la salud de mi bebe. Y cuando paso todo esto, le di la espalda. Yo había terminado con Dios. Y cerré mi corazón. Fue duro en esos días sentir los movimientos de Micaela, sabiendo que no sobreviviría. Era duro. Y sentía vergüenza de no sentir como Lisette.

"Siempre he temido que mis pecados vuelvan a visitarme, y el precio es mas de lo que puedo soportar..."

Le reclame a Dios ¿Porque le hacia eso a ella, y porque no se ensañaba conmigo? Le reclame, le pedía solo unos años de vida mas para vivirlos con ella y que de ahí me lleve a donde lo merezca. Le hice acordar todo lo que hice mal, lo que YO había hecho mal, y que mi hija no tenia que pagar por mí. No lo entendía.

Entonces, decidimos hacer un último intento. Hace una semana fuimos por otra ecografía. Y el ecógrafo dijo: SI HAY VEJIGA. Y el líquido de la placenta se había cuadruplicado! Consultamos con un urólogo pediatra, quien dijo: SI HAY PARENQUIMA, AL MENOS UNO DE SUS RIÑONES ESTA BIEN. Y SI PUEDE VIVIR: SOLO HAY QUE ESPERAR.

Quiero compartir la esperanza que llevamos en nuestros corazones, por el bienestar y la salud de Micaela Mariana. Quiero pedirles, cualquiera sea su fe, que envíen sus fuerzas para mi niña.

Muchas gracias.

El libro no tiene final.