Come back with me

jueves, 19 de febrero de 2009

Ramón



Enrroscado sobre la vieja mesa negra en la que un día hicieron las tareas mis hermanas, despierta al mundo mientras bosteza mostrando las enormes fauces, esas que a veces deja relucir en defensa de mi sobrino, marcando pieles de dobermans o los chuscos que suelen acosarnos en nuestras caminatas cerca al mar... Se rasca inconcientemente fuerte detrás de su oreja, y finalmente se levanta estirándose y oliendo por doquier, mientras el bullicio del colegio termina por despabilarlo y lo zambulle en la calurosa jornada que hasta ahora no sé como soporta.


Él llegó al mes y y algunos días de haber nacido, desde Pueblo Libre y en una cartera blanca en la que ahora sólo entraría una de sus patas. Era un precioso cachorro con ojos turquezas sobre pelo corto arena y que enamoró a mi familia desde sus primeros pasos en el frio piso del comedor. Compartimos mi cama hasta que cumplió tres meses, tiempo en el cual perdí muchas horas de sueño, dado que el pequeño era muy juguetón y propenso a los mordiscos nocturnos, aparte de dejar sus pequeñas mierdecillas alrededor y precisamente no encima de los periodicos que tendía para facilitarme la labor de limpieza. Crecía entre la cocina, la lavandería y el patio delantero de casa, curioseando todo y metiendo a veces la cabeza donde no debía, como en la bolsa de carbón o en los tachos de la basura haciendo desbarajuste y medio y causando por supuesto, y gratuitamente, peleas con mamá. Demostraba una lornezca predisposición a la diplomacia pues acataba las mordidas abusivas del schnauzer de la "Dueña", Shopenhauer, sin titubeos y simplemente echado y arrinconado contra la pared. Preocupado, el viejo sugería clases de karate para mi cachorro.


Esbelto pero magro, musculoso y austero, ojos vivos y redondos, mirada fiera y perdonadora, acerados colmillos. La cola pequeña se pierde en el lomo, y en su cuerpo de arenado color sobresale el pecho audaz y duro. Las piernas fuertes de musculosas fibras, parecen las de un armado y fiero caballero medioeval dispuesto a la batalla. Hoy -con más de dos años, habiendo vengado esos mordiscos del "Shope" con creces e incluso con riesgo de asesinato; algunas prendas rasgadas y otras de las que nadie en casa sabe ni sospecha su paradero; incluso un atentado por parte de una coaster que casi lo mata arrollándolo- nuestro "fantasma gris", el gran Ramón Elendil, se ha ganado un lugar en la familia.

martes, 17 de febrero de 2009

Fin de la Independencia

Te despiertas, con la luz amarilla entrando tímidamente por los orificios de la puerta vieja y algo carbonizada del cuarto, con las ganas de salir a buscar chamba, pero ves que en ese gastado monedero que te resistes a cambiar -porque te lo regalo alguien super especial...si, si, ella- no hay ni un maldito sol, sólo esa moneda niquelada que la cajera de Wong -cuando podías comprar ahi- te dio como parte de vuelto, de... ¡5 céntimos! Entonces te levantas, ves alrededor las construcciones de las casas aledañas que han tapado por completo tu visión de la calle, el bullicioso correr de las más de 10 lineas de transporte que pasan por tu jato... Entonces recuerdas que hace poco estuviste en un edificio de 20 pisos en la zona céntrica de la ciudad y comparas ese recuerdo con tu actual ubicación: edificios, torres por todas partes... Por un breve segundo, te sientes "más", sonries patéticamente y te vas a bañar, con agua fria por supuesto, aunque haya terma, porque el agua tibia es para los maricas, o solo para el invierno, je!

Tu vieja te ha preparado el desayuno, ya no compra chabatas sino ese minúsculo pan integral del vegetariano de al lado que más parece curandero, y de paso te pone en la mesa uno de sus infames extractos, para luego servirte un jugo de plátano o papaya -esperas que no se haya equivocado como aquella vez que en vez de algarrobina le puso siyau- y tal vez un poco de "calentao" (NdT.: Dicese del plato tradicional peruano sólo servido en los desayunos, producto de calentar restos del almuerzo o cena del día anterior.). Tu viejo te cuenta o te habla de cosas que ayer te dijo, producto de su leve amnesia o tal vez vesitigios del Alzehimer que padecerá...
Te pones el terno que compraste de ocasión y para ocasión de un matrimonio, y que ahora usas indistintamente, esta vez para una posible entrevista que te dé la opción de empezar a dejar de ser independiente. Si pues, a veces no rinde como esperas, pero cuando si, lo pasas en grande, almuerzas en Brujas de Cachiche -con miedo por la cuenta, claro- o vas a los Copas marinándote con martinis, chilcanos o simplemente litros de cerveza. Pero bueno, sales bien tiza de tu casa, con corbata, agenda y algunos sobres manilas, que como los ataúdes ya sabemos que contienen... y alzas la mano, donde el índice se arquea ligeramente hacia arriba, y paras tu combi o "custer".

¡Calor de mierda! Felizmente te llevan al salón de conferencias con aire condicionado, donde llenas un formulario. Te hacen esperar y algunos son choteados: "No lo van a poder entrevistar hoy", los florea el botones del hotel. Luego de 40 minutos, el mismo lleva-maletas se te acerca y te dice que te esperan en el bar para la entrevista... Luego de algunas preguntas: "Te llamaremos", te dicen...

Mientras sigues en busca de dependencia, sigues pensando en aquella entrevista, en que te falto decir, sigues esperando la llamada... sigues como independiente misio.