Come back with me

jueves, 28 de mayo de 2009

En Lima


Recuerdo la primera vez que los escuché... A mi primo le pareció inconcebible que jamás lo había hecho, cogió su casette de versiones acústicas y me enganché desde el inicio. Un requiebro en la voz del cantante de turno me encandiló e hizo que suplicara por una copia de la cinta, y fuimos donde el fumón de la esquina, el moreno que se ponia legañas de perro en los ojos con la esperanza de ver a su padre muerto dos años atrás. Hizo la copia entre humos de marihuana, colillas y vestigios de chizitos, en ese entonces aun de Chippy. Se me hizo eterno el viaje desde Barrios Altos a mi casa, y en cuanto llegué, prendí el equipo Technics de papá y manipulando el ecualizador, las primeras notas de aquella canción envolvieron mi sala mientras subía el volúmen... "Slip inside the eye of your mind, don't you know you might find...". Asi se inició el romance entre ellos y yo.

Me dediqué unica y exclusivamente a gastar cada cobre que llegaba a mis bolsillos en casettes y discos compactos de todos ellos. En esos años se ponían de moda esos "Rock Alternativo 2000" cuando estábamos en el 98, año en que mi pasión por la música se distraería por el mundial de fútbol y mi seguimiento a la Francia de Zidande que destrozaría a Brasil, algo que dará para un futuro post. Creo que fue el primer grupo que hizo que me aprendiera sus letras. Además, fue una de las últimas mejores bandas, puesto que al pasar de los años la calidad musical de muchas eran discutibles. Me quedé con ellos, con The Cranberries, U2, y The Verve (cuando se disolvieron, segui a Richard Aschroft), decidiendo tácitamente mi predilección por grupos británicos. Axel Rose se habia mechado con Slash y Duff, y los Guns ya no existian, al menos no los verdaderos y únicos.

Entonces en la época de la academia salió su cuarto CD. Dos de sus miembros se fueron por irrefrenables adicciones a la cocaína, y con los reemplazos la mística que habían ganado se perdió un poco, al menos para mi. Además, mi gusto por un grupazo peruano habia empezado a surgir: Mar de Copas. Así que me alejé por un buen tiempo de su música, mientras accedía al tan largamente rechazado rock en español. De todas formas, siempre intentaba agregar en los discos que me quemaba algunas de sus canciones, entre las que sobresalían "Stand by me", "Do you konw what I mean?" o "Wathever". Sacaron los "Heathen Chemistry" y "Don't believe the truth" pero no les presté la atencion debida, supongo que por el poco tiempo que tenía encima con mis diversas experiencias laborales y los estudios en los que estaba inmerso. Ademas, luego del 2005, año de mi despegue, todo fue "Mar de Copas".

Pero este año, a mediados de marzo, cuando me enteré que tocarían en nuestro Estadio Nacional, desempolvé algunos discos viejos con hongos, y ni que decir de los enmohecidos casettes que ya no servían para nada. Ares de por medio, reviví esos años pasados acompñados con su música, con aquellas canciones que han marcado mi vida y de alguna forma definieron mis gustos melómanos.

Recuerdo ese 30 de abril. Estaba destrozado por no poder ir al concierto, pero de pronto un ángel me llevó cerca a la muchedumbre que esperaba ansiosa por ingresar y corear aquellos himnos, de los que algunos eran tocados ya pese a que mucha gente aun estabamos en la cola. Ingresar al estadio en medio del intro de "Morning glory"... fue glorioso: "All your dreams are made..." . El ángel me tomó la mano, y me llevó a unirme a esa masa de gente que como yo, empezo a cantar. El corazón a mil, las ganas de saltar y gritar a rabiar todo su set list, me importó un carajo que no tocaran "Stand by me" o "Live forever", porque "The importance of being idle" o "I'm outta time" lo compensaron. La parte más melancólica, alegre y que valió todo el concierto fue cuando Noel empuñó la guitarra y empezóo: "Slip inside the eye of your mind, don't you know you might find...". Para mi fue el momento crucial, y cada vez que recuerdo eso, me da una alegría inmensa haber estado ahi. Y cada vez que veo los tickets, regreso en el tiempo y me veo en medio del Nacional completamente lleno. Oasis en Lima. Un conciertazo.

Será un poco difícil devolverte ese gestazo, Lisette. Pero puedo empezar agradeciendo infinitamente el haberme llevado a ver a los Gallagher. Te amo!

martes, 19 de mayo de 2009

Al otro lado... bueno, casi


Eran cerca de la una de la mañana y el frio andino calaba en mis huesos con furia, atravezando la delgada casaca térmica -que llevé para resguardarme de las lluvias- y la chompa de verde lana de un supuesto origen español pero puesta a la reventa por una comunidad de curas italianos de mi barrio. Traté de acomodarme en el pequeño cajón de la tolva del camión, que sobresalía por encima del techo de la cabina, acurrucado entre el huancaíno y el ayudante del chofer, "abrigados" con la capota que resguardaba la carga de la lluvia. "Don't look back in anger" resonaba en mis oídos, y escuchar a Noel a través del disc-man tal vez era la única señal de que seguía conciente.

Habían pasado cerca de dos horas desde que el camión habia partido de Yerbateros, con los costales llenos de semillas de papa y ajo, tubos de PVC y diversos artículos de construcción y algunas javas de fresas y papayas. Encima de todo eso viajábamos el huancaíno y yo. Me hablaba de un tal Gabriel Milito, que entonces entonces jugaba en Argentina, de líos de pareja entre mi hermana y una de sus grandes amigas de la UNI, y otras estupideces que recién hoy recalo en lo que eran: estupideces. Pasamos Vitarte con algo de temor a retenciones policiales, con palos claveteados para rechazar a los potenciales ladrones de cargas en la Carretera Central; cruzamos Ñaña intentando ver las hermosas casas tipo La Matte de El Cuadro, añorando mi infancia. El camión iba a buena marcha, recorriendo las iluminadas calles de Chaclacayo y Chosica, dejamos atrás Matucana, San Mateo. Nosotros, hablando de todo un poco, pero yo sólo pensando en la gran aventura en la que me habia metido.

Llegando al control de Casapalca, el huancaíno compró una chata de ron Cartavio, cenamos un caldo de gallina sin presa con harto fideo y cancha serrana, y subimos otra vez al camión. Empezaba a correr aire gélido de las montañas y pedimos una frazada al chofer, que estaba acompañado por los dueños de las cargas ferreteras y fruteras. Cruzábamos las minas casapalquinas tumbados boca arriba mirando las estrellas y algunas fugaces, nos envolvimos en la frazada a medias y me quedé dormido.

Desperté mareado, en medio de cachetadas propinadas por el huancaíno quien se excusó: "Pense que te habías desmayado". Bueno, estaba mal, sentía mareos, naúseas y segun él estaba amarillo, morado y verde a la vez. Los que han viajado conmigo a las serranias peruanas saben que esa es la mutación cromática de mi piel al llegar a ciertas altitudes. Empecé a temblar y a desvariar, mi mente se puso en blanco y mis ojos no veían bien; la oscuridad de la carretera, rota por las luces de los buses y camiones, envolvía todo y eso me llenó de miedo. Bebí un poco del ron y me calentó, pero por poco tiempo, y no hizo más que provocar el vendaval vomitivo que derramé a lo largo de una curva cerrada, me levanté a gatas y en el camino metí las botas en las javas aplastando papayas y fresas; maldiciendo, me paré y entonces la vi: nieve, por todas partes, brillante y alba, surcada solo por la carretera, y esa cadena de luces que venían e iban. Y también las ánimas -¿o eran los muquis?- que cruzaban los campos albos y desaparecían a la luz de los transportes. No lo sabía entonces pero estabamos cruzando Ticlio.

Perdí el conocimiento. El camión cruzó La Oroya la horrible, y siguiendo ese tortuoso camino que se repetía curva tras curva, enfiló a Jauja. Durante todo ese camino, unas tres horas y media, el huancaíno se desesperaba, yo no reaccionaba y él estaba muerto del susto, pensando lo peor. Tiempo despues me confiaría que a veces despertaba, a veces murmuraba entre sueños, pero volvía a caer en la inconciencia. Yo sólo recuerdo el retumbar del camino, que entraba y salía de la oscuridad. Después, una luz blanca intensa, y luego nada.

Entonces amaneció. Eran casi las 5 de la mañana cuando desperté, vi praderas coloreadas de naranja, con ese brillo estupendo que le da el sol a todo ser vivo. Estaban descargando los materiales de ferretería, y el huancaíno, aún asustado me decía: "Casi te has muerto". Sentía una agria resequedad en mis labios, quise moverme pero mis piernas no respondían, y me levanté los bajos del pantalón: sobre mis piernas tenía una capa de escamas, pues el frio me habia quemado la piel. Pero estaba vivo. Me quedé tranquilo, mirando el sol y como terminaba de despuntarse e iluminaba las verdes montañas del fondo; prendí el disc-man, y sonaba "Whatever". Entonces me quedé dormido otra vez.